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PAOLO BORSELLINO: EL EJEMPLO ANTIMAFIA

Foto del escritor: Lucas ManjonLucas Manjon
Paolo Borsellino fue un magistrado italiano, que junto a su amigo y colega Giovanni Falcone llevaron adelante numerosos procesos contra la mafia siciliana, entre ellos "el Maxiprocesso di Palermo" en 1986. Aquí parte de su historia.
Paolo Borsellino, un trabajador de la lucha antimafia.
Paolo Borsellino, un trabajador de la lucha antimafia.

El 19 de julio de 1992, el magistrado antimafia Paolo Borsellino almorzaba junto a su esposa Agnese y sus hijos Manfredi y Lucia en un municipio costero entre Terrasini y Capaci. Cuando terminó la reunión familiar, Paolo se encomendó a cumplir la cita que pocos minutos antes acordó con su madre. La avisó que la iría a visitar a la tarde a su casa, en la Via Mariano d'Amelio 21, una calle sin salida que básicamente funciona como estacionamiento para los vecinos de la cuadra y aledaños. En ese departamento, que las fuerzas de seguridad supuestamente protegían por el alto riesgo que se representaba ser un familiar del principal enemigo de la mafia, esa misma mafia junto a los servicios secretos corruptos del Estado Italiano -que se encontraban negociando con la Cosa Nostra para poner un freno a las masacres-, había estacionado desde hacía varios días, un Fiat 126 cargado de cientos de kilos trinitrotolueno (TNT). Paolo llegó en tres autos acompañado de sus seis escoltas. Entre todos ellos viajaba Emanuela Loi, la jovencísima policía de tan solo veinticuatro años, que al momento de ser designada como su escolta, Paolo respondía a la respetuosa y nerviosa presentación con asombro, admiración y simpatía: “¿Y se supone que ella debe defenderme? Yo debería defender a ella”. Cuando Paolo bajó del auto, los escoltas lo acompañaron y todos juntos se dirigieron hasta el portal del edificio. A las 16.58 a través de un mando a distancia -algunas versiones todavía hablan de que los explosivos estaban conectados al timbre del intercomunicador de la madre de Borsellino- se accionó la bomba depositada desde hacía varios días en el Fiat 126, en una calle sin salida, frente al edificio donde vivía la madre del principal objetivo de la mafia siciliana. La bomba destruyó, desgarró y destrozó los cuerpos de Paolo y de cinco de sus seis escoltas: Emanuela Loi, Agostino Catalano, Vincenzo Li Muli, Walter Eddie Cosina y Claudio Traina. La explosión además de despojarle la vida a los seis funcionarios del Estado, de herir a veinticuatro personas, de arrasar con los frentes de edificios y de quemar a decenas de autos estacionados alrededor, le terminó por arrancar la poca, poquísima esperanza que le quedaba a un sector muy grande del pueblo italiano -sobre todo siciliano- que abrazaban a la Justicia, a los hombres y mujeres que sostenían y defendían al Estado de derecho. Los vacíos en la física, en la política como en los sentimientos son naturalmente ocupados por otros. La esperanza que se evaporó con el humo de la bomba se reemplazó por la sólida bronca, ira y rabia que a veces suele ser un motor mucho más explosivo y movilizador que los sentimientos genuina y culturalmente aceptados. Los sicilianos ocuparon los balcones, las calles y la catedral para exigir que se expulse a la mafia de las vísceras del Estado.


Paolo Emanuele Borsellino nació el 19 de enero de 1940. Fue el segundo hijo de un matrimonio de clase media que tuvo otros tres hijos más: Adele -dos años mayor-, Salvatore -tres años menor- y Rita -cinco años menor. La familia Borsellino vivía en la ciudad de Palermo, en el populoso barrio de facciones árabes de Kalsa. Flaco y bastante alto para su edad, con un sugerente jopo bien peinado levemente caído sobre la frente, Paolo asistía a la escuela primaria en la mañana y por la tarde cruzaba su tiempo y espacio con quien el trabajo, la amistad y el riesgo de ser asesinados lo transformaría en casi un cuarto hermano, el también futuro magistrado Giovanni Falcone.

27 de junio de 1962: Paolo Borsellino se convierte en el magistrado más joven de Italia.
27 de junio de 1962: Paolo Borsellino se convierte en el magistrado más joven de Italia.

En la escuela secundaria, Paolo cursó en Liceo Giovanni Meli donde dirigió el periódico Ágora y comenzó a vincularse de manera directa con las cuestiones políticas de la época, atravesadas por los temas de la posguerra. Cuando terminó de estudiar, a finales de los años cincuenta se matriculó para estudiar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo, donde además de ser un excelente alumno continuó con su aproximación a la política. Rápidamente se incorporó al Frente de Acción Universitaria Nacional (FUAN) -la organización estudiantil universitaria del Movimiento Social Italiano (MSI)- y se transformó en un dirigente destacado a nivel regional. Su acercamiento al MSI, un grupo ubicado en los márgenes de la política, auto reconocido como los guardianes del legado fascista en Italia, provino de una tradición familiar próxima a la derecha política clásica. La efervescencia de aquellos años y las disputas entre las agrupaciones no siempre eran resueltas con diplomacia y terminaban en peleas y escaramuzas cuerpo a cuerpo que en muchas oportunidades terminaban con varios detenidos y frente algún juez. En una de esas tantas peleas, Paolo terminó frente al magistrado Cesare Terranova -el futuro promotor de la nueva práctica judicial moderna respecto de la lucha contra la mafia- quien determinó que Paolo no tenía responsabilidad en el hecho.


El 23 de diciembre de 1968, Paolo y Agnese se casarón al poco tiempo de iniciar la relación.
El 23 de diciembre de 1968, Paolo y Agnese se casarón al poco tiempo de iniciar la relación.

En 1962 y con tan solo veintidós años, Borsellino se recibió de abogado con puntaje sobresaliente y honores. La inminente carrera que le deparaba a Paolo debió ser interrumpida por la repentina muerte de su padre, lo cual lo llevó a hacerse cargo de la del negocio familiar -una farmacia- hasta que su hermana menor Rita terminara la carrera de farmacéutica y pudiera tomar las riendas de ella. Mientras se ocupaba de conservar el bienestar de la familia, en 1963 aprobó el examen de ingresó al poder judicial italiano y se transformó en el magistrado más joven de la historia del país. La carrera judicial saltó a ambos lados del río Salso. Comenzó en la inexpugnable y central región de Enna (1965), dos años después paso a la región de Trapani, en la ciudad de Mazara del Vallo donde comenzó a relacionarse judicialmente con investigaciones sobre la mafia. También fue la región donde conoció a su futura esposa Agnese, una joven universitaria Piraino Leto, hija de Ángelo Piraino Leto, el presidente del Tribunal de Palermo. Se enamoraron muy rápidamente. Paolo tenía veintiocho años y Agnese veinticinco. Recién iniciada la relación tomaron la decisión de casarse. Los años sesenta, en Italia, en Sicilia, en Trapani, una relación que velozmente debe oficializarse ante Dios y el Estado despertó todo tipo de especulaciones que automáticamente se transformaron en rumores de embarazó y modernidad. La pareja vivía en Palermo. Paolo todos los días tomaba el primer tren de la mañana para llegar a su despacho Mazara del Vallo a más de 120 kilómetros de distancia. Se casaron en 1968. Paolo se sentía complacido del amor que Agnese le daba y el apoyo constante con el que él contaba. Sabía que ella podía enamorarse de otra persona, que llevara una vida cómoda, de lujos, regular para la hija universitaria de un magistrado italiano. Paolo reía y le decía que ella estaba con él porque “te estimulo, te provoco, te doy la buena nueva que está dentro de muchas historias de todos los días. Te contaré todas las historias que puedas. Así la nuestra será una novela que no terminará jamás, mientras viva”. El compromiso de Paolo en las investigaciones contra la mafia, la antiquísima mafia que estaba en una de sus tanta metamorfosis -comenzaba a incursionar en el narcotráfico a gran escala y en el lavado de dinero en el negocio inmobiliario-, lo hacía avanzar en su carrera y tener que cambiar de oficina, de edificio y de región. En 1969 fue designado magistrado en Monreale, mucho más cerca de la ciudad de Palermo y por ello, con mucha presencia mafiosa y donde funcionarios policiales como Emanuele Basile -capitán de Carabinieri- y Boris Giuliano -jefe de la Escuadra Móvil de Palermo- encabezaban investigaciones sobre las familias mafiosas que controlaban el tráfico de heroína hacía Estados Unidos y Europa.


Rocco Chinnici y Paolo Borsellino.
Rocco Chinnici y Paolo Borsellino.

Cesare Terranova, aquel magistrado que tuvo en frente suyo a Paolo por pelearse con grupos de izquierda en la época de la universidad, llevaba adelante una serie de causas contra la Cosa Nostra. Llevó a juicio a más de cien mafiosos implicados en la primera guerra mafiosa, investigó a los líderes de la Democracia Cristiana en Sicilia y los vínculos que estos tenían con la mafia siciliana -sobre todo la que concentró el poder en torno a Palermo hasta los años ochenta-, trabajó junto al diputado y sindicalista Pio La Torre en la elaboración de una nueva ley contra la mafia cuando él también era diputado por el Partido Comunista. Tan pronto como terminó su incursión en la política nacional solicitó ser reasignado en el poder judicial y fue designado como juez principal de instrucción del Tribunal de Palermo, lugar al cual se había trasladado Paolo desde hacía cuatro años. Pero la mafia había comenzado a implementar una nueva táctica: eliminar a los funcionarios del Estado que se le opusieran. En julio de 1979, en el bar Lux asesinaron al jefe de la Escuadra Móvil de Palermo Boris Giuliano y en septiembre, la mafia no quiso -en lo que entendía como sus dominios por derecho de violencia y tradición- que hubiera un juez independiente que volviera a la ciudad después de siete años en la capital del país y que lo hiciera con muchos más contactos que con los que se fue y los pusiera a disposición del sistema para perseguirlos. A Cesare lo asesinaron el 25 de septiembre junto a su escolta y amigo Lenin Mancuso. Cuando volvió a Palermo, Cesare intentó tranquilizar a su esposa diciéndole que la mafia no se atrevería a tocar a los jueces. Cesare Terranova sería el primero de una larga lista de miembros del poder judicial que serían asesinados por la mafia. Unos pocos meses después, el 4 de mayo de 1980, la Cosa Nostra asesinó al capitán de Carabinieri Emanuele Basile y el 6 de agosto al fiscal Gaetano Costa.


La situación de peligrosidad y riesgo de vida para los funcionarios que se enfrentaban a la mafia aumentaba día a día, por ese motivo a varios de ellos se les comenzaba a asignar con cierta regularidad y naturalidad escoltas policiales y Paolo junto a su familia y sus tres hijos no serían la excepción. A pesar del avance mafioso, el juez Rocco Chinnici conformó un grupo especial de magistrados y policías dedicados exclusivamente a perseguir a las organizaciones mafiosas. El llamado pool antimafia que se integró con el propio Chinnici a la cabeza junto a Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Gioacchino Natoli, Giuseppe Di Lello y Leonardo Guarnotta se abocó a reunir y procesar informes reportes policiales y causas judiciales que hasta ese momento parecían inconexas para concentrar la información sobre una organización como la Cosa Nostra a la cual ya habían comenzado a considerarla centralizada y piramidal. El equipo resultaba estar conformado por especialistas, hombres de Estado que entendían su trabajo como una responsabilidad superlativa; además era un grupo que compartía sentimientos de profundo respeto, confianza y un cariño tal que Rocco, el jefe del equipo colocaba a su hija una joven abogada bajo la tutela de Paolo. Mientras ese nuevo esquema de trabajo se ponía en marcha y daba sus primeros resultados la Cosa Nostra seguía asesinando: en 1982 acribillaba a balazos al político comunista Pio La Torre -compañero legislativo de Cesare Terranova- y a su compañero de partido Rosario Di Salvo, unos pocos meses después al general y prefecto de Palermo, Carlo Alberto Dalla Chiesa junto a su esposa y en 1983 asesinaba a Rocco Chinnici.


La dirección del pool quedaba en manos del juez florentino Antonino Caponnetto e intentaban concentrar el trabajo en una mega instrucción judicial sobre la base de dos pentiti -arrepentidos colaboradores-, sobre los movimientos bancarios y patrimoniales de los mafiosos, sus asociados y los políticos coludidos. A comienzos de los años ochenta una facción en torno a un grupo de mafiosos de la pequeña ciudad de Corleone, atacaron a la conducción de la Cosa Nostra que se hizo del poder en la organización en la primera guerra mafiosa. Los corleoneses al mando de Salvatore Riina ordenaban asesinar familiares hasta la vigésima decencia en el caso de no poder terminaban con la vida del mafioso al que buscaban. Tommaso Buscetta, un asociado importante a la familia mafiosa de Porta Nuova sería uno de los que mayores pérdidas humanas familiares sufrirían en el transcurso de la guerra. En tan solo un par de años, los sicarios de la nueva cúpula de la Cosa Nostra habían asesinado a once familiares de Buscetta: dos de sus hijos, un hermano, un sobrino, un yerno y cuatro sobrinos Era también uno de los tantos adolescentes que cuarenta años antes había compartido actividades y espacios recreativos con el Paolo y Giovanni Falcone en las calles del barrio de Kalsa. Buscetta estaba prófugo de la justicia italiana desde hacía pocos años. Bajo la falsa identidad de Paolo Roberto Felici se había escondido de la justicia y de los corleoneses en Brasil. El 23 de octubre de 1983, en una mansión en San Pablo era detenido junto a su esposa, sus cuatro hijos y el hijo de otro mafioso. Después de la detención en San Pablo era trasladado hasta Brasilia -la capital de Brasil- y estaba durante más de un año recibiendo la visita de diferentes funcionarios judiciales italianos -entre ellos Giovanni Falcone- que lo intentaban convencer para que se acogiera a la figura de arrepentido colaborador para la justicia, o de infame para los mafiosos. Educada y sistemáticamente rechazaba las invitaciones y los posibles beneficios. Intentaba suicidarse para no ser extraditado a Italia, pero no lo lograba.

Giuseppe Di Lello, Paolo Borsellino, Leonardo Guarnotta, Giovanni Falcone y Antonino Caponnetto. Foto de Franco Zecchin.
Giuseppe Di Lello, Paolo Borsellino, Leonardo Guarnotta, Giovanni Falcone y Antonino Caponnetto. Foto de Franco Zecchin.

Aquella postura de Buscetta quedaba a un lado cuando llegaba a Roma escoltado por las fuerzas de seguridad italiana, cubriendo sus manos esposadas con una frazada y terminaba alojado en la Jefatura de Policía en Roma. Inmediatamente después de su extradición aceptaba a colaborar con el pool antimafia, en particular con Giovanni Falcone, la persona que había conocido exiguamente cuando los dos eran adolescentes, que nunca se habían vuelto a ver hasta ese momento y que habían elegido dos caminos de vida totalmente opuestos. La investigación sobre la Cosa Nostra continuaba y sumaba las declaraciones de un nuevo arrepentido colaborador o de un infame -según de qué lado se lo califique-, como Salvatore Contorno que sustentó las declaraciones de Buscetta y le dio otro nuevo impulso. La presión de la justicia y de las fuerzas de seguridad hicieron reaccionar a los líderes de la Cosa Nostra. En 1985 ordenaron una nueva serie de asesinatos. En julio fue asesinado el policía Beppe Montana. Cuando Paolo se dirigía al lugar del hecho junto al jefe de policía Ninni Cassarà quien le dice “Vamos a convencernos que somos cadáveres que caminan”. La frase extremadamente cargada de una desesperación muda y premonitoria se concretó en agosto -un mes después-, cuando Ninni Cassarà y Roberto Antiochia son asesinados. Tres de los más estrechos colaboradores del pool antimafia cayeron asesinados en dos meses y el rumor que comenzaba a circular por las calles de Palermo, y los pasillos del Palacio de Justicia señalaban a Paolo y a Giovanni Falcone como los próximos objetivos de la Cosa Nostra. Como el riesgo de vida era tan alto, para poder terminar la acusación y llevar a juicio a más de 700 mafiosos acusados de integrar y/o colaborar con la Cosa Nostra, los amigos y compañeros -Paolo y Giovanni- junto a sus familias se trasladaban a la cárcel de máxima seguridad de Asinara, en la isla de Cerdeña. Todos juntos convivieron durante más de un mes entre los muros reforzados, las rejas y los alambrados de la cárcel. Paolo cargaba la culpa de trasladar a su familia a un espacio inhóspito, estéril y deprimente y sobre todo los trastornos alimenticios que padecía Lucia -su hija de dieciséis años- producto de los nervios y el estado de estrés y muerte permanente. Recién el 8 de noviembre de 1985, cuando los dos magistrados terminaban la acusación que llevaba el título de "Abbate, Giovanni + 706", salían de la isla y retornaban a su vida en la otra isla. Un mes después, Paolo y Giovanni debieron pagar 415.000 liras por el alojamiento y la comida por la estadía de ellos y sus familias en la cárcel. Particularidades de la lucha antimafia.


El juez de vacaciones con dos de sus tres hijos en el Parque Nacional de Abruzzo. Después del 4 de mayo de 1980, toda la familia Borsellino empezó a vivir bajo vigilancia.
El juez de vacaciones con dos de sus tres hijos en el Parque Nacional de Abruzzo. Después del 4 de mayo de 1980, toda la familia Borsellino empezó a vivir bajo vigilancia.

El 10 febrero de 1986 comenzaba el mega juicio contra la Cosa Nostra. Se llamaba el Maxiprocesso de Palermo, un título que servirá y se repetiría cada vez que se produjera un juicio contra la mafia con una cierta cantidad de mafiosos imputados. Para la realización del juicio se invertían 36.000 millones de liras en la construcción de una sala en la que tendría lugar el juicio. Parecía más bien un bunker que una sala. De hecho, lo era, con un sistema de defensa y paredes resistentes a ataques con cohetes o misiles. En la sala se instalaban celdas. También 850 metros cuadrados de cristal blindado lo que hacía a la sala mucho más segura que la propia cárcel palermitana de Ucciardone, que era el lugar donde la construían. El 16 diciembre de 1987 después de 21 meses, 638 días y 349 audiencias, el Maxiprocesso de Palermo que había comenzado con 475 acusados por 120 asesinatos, tráfico de drogas, extorsión y asociación mafiosa, terminaba con 339 de ellos condenados a 19 cadenas perpetuas, 2.665 años de prisión -en conjunto- y con 11.500 millones de liras de multa. El Maxiprocesso que ya era todo un hito político, judicial y cultural. Ese juicio se convertía en una verdadera bisagra en la lucha contra la mafia. Inmediatamente después de finalizado el juicio, los abogados defensores comenzaban a preparar las apelaciones y gran parte de la política se ocupaba, mejor dicho, se preocupaba por detener todas aquellas investigaciones que aún seguían abiertas y que resultaban inoportunas a su pasado e intereses. Paolo solicitaba ser nombrado fiscal en Marsala, la ciudad más poblada de la provincia de Trapani. Antonino Caponnetto esperaba la orden para retornar a Florencia y dejar su puesto a Giovanni Falcone, pero los miembros del Consejo Superior de la Magistratura llevados por presiones, negocios y celos eligieron al veterano Antonino Meli, quien, una vez asumido en el cargo, comenzaron a desarmar lo que quedaba del pool antimafia e inundó de trabajo parcial a los antiguos miembros del grupo y daba por finalizado el complejo método para las investigaciones criminales complejas. Paolo fue uno de los primeros en levantar la voz y criticar públicamente las decisiones implementadas en el seno de la justicia palermitana. En un par de entrevistas criticó las decisiones de Meli lo que le valió un expediente disciplinario interno en su contra y que se mantuvo abierto durante varios años.


Paolo y su hija Fiammetta.
Paolo y su hija Fiammetta.

Como fiscal de Marsala, Paolo instruía diversas causas contra la mafia, pero también debía investigar la masacre Ustica -el derribo, la explosión o la caída de un avión en el mar Tirreno- o el asesinato de tres niñas ocurridos que dieciocho años despues, Paolo intentó esclarecer. También tuvo la oportunidad en 1991 de conocer a Rita Atria, una joven de diecisiete años, hija de un mafioso de Partanna asesinado y hermana de un mafioso asesinado cuando intentaba vengar la muerte de su padre. Rita siguiendo la decisión de su cuñada de colaborar con la justicia para alcanzar Justicia y no venganza, se convirtió en la colaboradora de justicia más joven de la historia. Paolo se transformó en la figura paterna que la joven picciridda que debió abandonar a su pueblo, a una madre que antes que ser madre era viuda de mafia y que llegó hasta Roma con muchas cicatrices que gestos de cariño. Paolo intenta que Rita a pesar de todo mantenga contacto con su madre, aunque su madre a la distancia y todavía con mayor ahínco desprecia a su hija por ser una colaboradora de la justicia. Ante cada crisis, Paolo la consolaba: "Rituzza, sé lo mal que te está yendo. Pero trata de aguantarla, después de todo ella es tu madre". La figura paterna de Paolo no solo era por su figura de magistrado honesto y respetado, sino también porque Paolo era quien -al igual que el padre de Rita- podía detener los insultos de la madre a la hija. Paolo era su héroe y Rita sentía que con su compromiso y la información que había aportado, ella era su ladera. Mientras tanto, debido al retroceso en las investigaciones contra la mafia, producto de las trabas que establecían sectores de la clase política y judicial, llevaban a Falcone a trasladarse a Roma y aceptar el cargo de director de los Asuntos Penales del Ministerio de Gracia y Justicia.

Imagen historica para el pueblo italiano que se convirtió en mural, estampilla y banderas: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.
Imagen historica para el pueblo italiano que se convirtió en mural, estampilla y banderas: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

En marzo de 1992, Paolo se trasladaba desde Marsala hacía Palermo como fiscal adjunto. Buscó cerrar investigaciones pendientes que habían comenzado producto de la colaboración del mafioso detenido Vincenzo Calcara que además de revelar información sobre la Cosa Nostra y los políticos sicilianos, declaró haber sido encargado de asesinar al propio Paolo. Giovanni Falcone en Roma recibía nuevas críticas al impulsar un paquete de nuevas leyes con el objetivo de centralizar las investigaciones antimafia, endurecer las penas por los delitos mafiosos y la posibilidad de disolver a los municipios infiltrados por la mafia. Los magistrados y los políticos que se encontraban enfrentados con Falcone nuevamente lo volvían a atacar públicamente y lo acusaban de querer concentrar el poder antimafia bajo su mando a través de ese proyecto, la sorpresa surgió cuando Paolo también se opuso, pero bajo ningún concepto lo hacía con los argumentos con que lo hacían las otras personas, Paolo tenía solo diferencias de estrategia judicial con su amigo Giovanni.

Paolo junto al ataúd de su amigo Giovanni Falcone.
Paolo junto al ataúd de su amigo Giovanni Falcone.

Los viajes de Giovanni Falcone y su esposa -la jueza Francesca Morvillo- a Sicilia desde Roma eran bastante frecuentes. Cuando el avión aterrizaba, la custodia que Giovanni tenía asignada en la isla, lo esperaba en la misma pista. El 23 de mayo de 1992 no era la excepción. A la entrada de la ciudad de Capaci, justo en el desvío de la autopista A29 con dirección a Palermo. A las 17:57, a la altura de Capaci, la tierra se abría y el infierno hacía erupción. El primero de los autos de la caravana explotaba justo encima de la bomba. Terminaba a más de 200 metros en un campo de olivares y limoneros cercanos a la autopista. Todos sus ocupantes fallecían en el acto. El segundo de los autos chocaba de frente contra el bloque de cemento que se elevaba de la destruida autopista. El tercero lograba detenerse, chocando al segundo auto, pero todos sus ocupantes sobrevivían. El custodio y chofer del segundo auto -que ese día ejercía solo como custodia-, lograba salir del vehículo por sus propios medios. Francesca quedaba atrapada en el vehículo y era rescatada por la poca gente que se acercaba hasta el lugar. Giovanni, en cambio, debía esperar a que llegaran los bomberos. Su cuerpo inconsciente sobre el volante del auto estaba atrapado. Después de ser rescatados entre los hierros retorcidos, Giovanni y Francesca eran trasladados a dos hospitales diferentes. El estado de salud de cada uno de ellos era extremadamente grave, con múltiples fracturas, contusiones y sangrados internos que complicaban los cuadros de salud. Giovanni había sido ingresado al Hospital Cívico de Palermo y en él sufría una repetida cantidad de ataques y paros cardiorrespiratorios durante más de una hora, tornándose imposible para los médicos la posibilidad de mantenerlo con vida. Giovanni Falcone moría a las 19:05 del 23 de mayo de 1992 en las manos de su amigo y colega Paolo Borsellino que enterado del atentado inmediatamente se había trasladado hasta el lugar.


Dos días después tendría lugar el funeral conjunto de todas las víctimas en la Iglesia de San Doménico sobre la vía Roma en la ciudad de Palermo: Giovanni, Francesca, Vito, Rocco y Antonio eran despedidos en un funeral de Estado. Ese 25 de mayo de 1992 alrededor de la iglesia se congregaba una multitud de sicilianos que buscaban rendir tributo y despedir a los héroes del Estado, a sus héroes. Pero en su lugar se encontraban con los mismos funcionarios que habían criticado, injuriado y abandonado a Giovanni Falcone en la lucha contra la mafia. La multitud al advertir la presencia de los políticos no tardaba en reaccionar y los atacaban hasta hacerlos huir a riesgo de ser linchados. Paolo estaba ausente, su mirada deshabitada recorría cada uno de los movimientos que las personas hacían durante el funeral. Estaba ausente pero alerta, no se alejaba del ataúd en donde estaba el cuerpo de su amigo y colega. Quizás ya en ese mismo momento comenzaba a pensar que él sería el próximo, que su familia sería la que debiera padecer un hecho semejante.

 La última foto de Paolo tomada 13 días antes en compañía de amigos en un intento de recuperar la normalidad perdida tras el asesinato de su amigo y colega Giovanni Falcone.
La última foto de Paolo tomada 13 días antes en compañía de amigos en un intento de recuperar la normalidad perdida tras el asesinato de su amigo y colega Giovanni Falcone.

Paolo anunciaba que le quedaba poco tiempo, “cuando me maten”, que él, como cadáver que caminaba, debía hacerlo rápidamente e intentar perder por poco con el tiempo. Seguía con las investigaciones que tenía en curso, pero se involucraba lo máximo posible en el esclarecimiento del atentado sobre Giovanni e intentaba presionar a los responsables políticos: “... el país, el Estado, la magistratura, que quizás es la más culpable de todos, comenzó a dejarlo morir (a Falcone) precisamente el 1 de enero de 1988... Se abrió la carrera para la sucesión de la oficina de instrucción del Tribunal de Palermo. Falcone participó del concurso, pero inmediatamente algún Judas se encargó de tomarle el pelo y en el día de mi cumpleaños el Consejo Superior de la Magistratura nos hizo este regalo: prefirió a Antonino Meli”. Inmediatamente después del atentado, el Estado italiano decretaba el aislamiento y la reclusión estricta de los condenados por delitos mafiosos en las cárceles -artículo 41 bis-, lo cual llevaba a la dirección de la Cosa Nostra a profundizar sus ataques al Estado. En medio de todo ello, Paolo es notificado de conversaciones entre sectores corruptos del Estado -políticos y servicios de inteligencia-, fuerzas de seguridad y mafiosos para detener las masacres en Sicilia que la prensa llegaba a asimilar a la situación de Palermo a la guerra civil libanesa que acababa de terminar después de quince años. Paolo desconfiaba de todo y de todos. La noticia de las negociaciones despues del asesinato del máximo referente en la lucha contra la mafia lo golpearon, lo comenzaba a asesinar lentamente, durante 57 días. La “trattativa” entre la mafia y el Estado como se demostró judicialmente muchos años después, intentaba por parte de la Cosa Nostra mejorar las condiciones de encarcelamiento, de cerrar las investigaciones abiertas contra los líderes de la organización para así frenar los asesinatos y atentados con coches bomba. Paolo se enteraba de varios detalles en relación con la negociación y desconfiaba cada vez más de las personas a su alrededor. Su esposa Agnese algunos cuantos años después harían comentarios sobre un par de charlas que tuvo con Paolo en julio de 1992. Mientras fumaban en el balcón de su casa, Paolo le dijo que había “visto la Mafia cara a cara, me han dicho que el general Subranni es punciutu” -un pinchado, una parte central en el rito de iniciación en la mafia. Antonio Subranni era el comandante del ROS, el Grupo de Operaciones Especiales, forma parte de los Carabinieri. La otra de las conversaciones y quizás sobre la cual mayores recuerdos tenía Agnese fue la que tuvieron el 18 de julio en la mañana muy temprano mientras caminaban por la playa, sin escoltas, solos los dos como cuando tenían veintiocho y veinticinco años cada uno y recién se conocían mientras caminaban por las playas de Mazara del Vallo: “No será la Mafia quien me mate, serán otros, y ocurrirá porque alguien lo permitirá, y entre ellos, también algún colega”.

La rabia de los sicilianos despues del atentado a Paolo Borsellino y sus escoltas.
La rabia de los sicilianos despues del atentado a Paolo Borsellino y sus escoltas.

El 19 de julio de 1992 a las 16:58 terminaba todo. Eran las palabras del magistrado Antonino Caponnetto cuando minutos después del atentado que terminaba con la vida de Paolo, Emanuela, Agostino, Vincenzo, Walter y Claudio decía confundido, tambaleándose por la conmoción cuando intentaba ingresar a un auto y era consultado por un periodista. por la muerte que lo volvía a embargar en todo su ser. Días después de la llamada masacre de Vía D'Amelio, las familias de los escoltas asesinados realizaban un funeral conjunto en la Catedral de Palermo. Las imágenes de ese día recorrieron el mundo: los palermitanos fueron hasta la catedral para desbordar a los cuatro mil policías que acordonaron el edificio. La multitud saltó las rejas, empujó a los policías y reprendió a los representantes del Estado que se presentaron en el funeral. Los gritos e insultos fueron variados, pero con los minutos y la ira como guía de estos se unificaron en una sola consigna: "saquen a la mafia del Estado". El 24 de julio fue el funeral de Paolo en la Iglesia de Santa María Luisa de Marillac. La familia había rechazado el funeral de Estado, quería algo íntimo y privado en donde no participaran los políticos que habían autorizado el asesinato de Paolo o que no habían hecho nada para impedirlo. Quienes sí participaron fueron los más de diez mil ciudadanos vacíos de esperanza, pero llenos de ira que llegaron hasta la iglesia para despedir a quien ellos ya consideraban un héroe.


El asesinato de Paolo siempre ha estado inmerso en un océano de sospechas sobre la participación directa de los sectores corruptos del Estado. Mafiosos de la Cosa Nostra que años después se acogieron a la figura de arrepentidos colaboradores declararon que en el armado del coche bomba Fiat 126 participó por lo menos una persona totalmente desconocida para ellos y que posiblemente se tratara de un espía. Todavía hoy las investigaciones judiciales continúan revelando la complacencia y la connivencia de ciertos funcionarios con la mafia. El sistema y la cultura antimafia que tan arraigada y tantos beneficios genera en la sociedad italiana llega hasta estos días por el trabajo y la dedicación de hombres como Paolo y tantos otros. Numerosas escuelas y asociaciones llevan su nombre, también el aeropuerto de Punta Raisi en Palermo junto a varias calles, avenidas, aulas y monumentos.


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